Cómo hacer dinero con Twitter
23 noviembre 2009
No ha pasado tanto tiempo: el sábado noche publiqué una entrada sobre los planes de monetización de Twitter. Según los mandamases de la compañía de los microposts, el sistema de publicidad que se proponen implementar será «revolucionario» y a los usuarios «les encantará». La posibilidad de que los consumidores de Internet disfruten recibiendo toneladas de publicidad es el sueño de todo publicista, Eldorado de los fabricantes de cualquier bien o servicio que podamos imaginar. Pero por el momento yo albergo ciertas reservas al respecto: la publicidad no es más que un mensaje invasivo* e imperativo que nos impulsa a hacer algo, generalmente algo que en rigor no querríamos hacer. (* Por supuesto que la publicidad puede volverse sutil y capciosa, pero este tipo de trampas tienden a ponernos alerta y predisponernos negativamente, ¿no es cierto?)
Pero mientras los planes de monetización de Twitter se materializan y demuestran ser un éxito revolucionario o un estrepitoso fracaso, algunas compañías de publicidad en la triple-W han impulsado ya sus iniciativas al respecto. El New York Times ha publicado un magnífico artículo al respecto. Le deja a uno con la sensación de enfrentarse a un panorama deprimente en el que la publicidad sólo falta en las nubes. (Y es de prever que tarde o temprano eso también sucederá.)
En dicho artículo se pone como ejemplo a John Chow, un canadiense que se hizo mundialmente famoso entre los aspirantes a blogueros profesionales desde que, pasito a pasito, obtuviera unos beneficios mensuales de decenas de miles de dólares gracias a su blog. Chow fue muy diligente y logró su propósito, bien por él.
Su segundo éxito ha consistido en obtener ganancias de miles de dólares adicionales por insertar publicidad en sus mensajes de Twitter. Por ejemplo: 200 dólares por explicar a sus lectores dónde conseguir M&M’s personalizables. No voy a entrar por el momento en la cuestión de en qué medida puede uno fiarse de un tipo que te da consejos pagados por los fabricantes beneficiarios de dichos consejos. ¿Hasta qué punto es genuino un consejo subvencionado por terceras partes? A fin de cuentas no se trata de un debate novedoso: la irrupción de la publicidad masiva en los sitios de Internet, pero sobre todo en los blogs (donde uno aspira a encontrar un poco de sinceridad, un tú a tú directo y auténtico entre personas a través de Internet), desató hace años una polémica, más o menos solventada a favor del dinero, que sin embargo no ha muerto del todo. ¿Recordáis esas bitácoras con el mensaje «este blog no tiene publicidad?» Ya no se ven muchas de ésas. Lo que yo decía, triunfo del dinero. ¡Y es que parece tan sencillo obtener unos ingresos adicionales a final de mes! (Lo parece, pero no lo es.)
Con la llegada de Internet a nuestras vidas nos convencimos de que podemos obtenerlo todo gratis. La realidad, por el contrario, es mucho menos benévola: lo pagamos todo. No sé si el precio es justo o si tarde o temprano la cosa estallará por los aires en forma de Segunda Explosión de las Punto.Com, pero lo pagamos. Asistiendo al carnaval interminable de la publicidad. Al principio fueron banners y pop-ups. Nos hemos habituado a los banners y las ventanas emergentes han pasado a la historia con la incorporación de los bloqueadores a las funciones estándar de los navegadores, pero ahora nosotros… sí, nosotros… somos la publicidad. Por ejemplo, cuando recomendamos inútiles golosinas personalizables… y somos pagados por ello.

