Ya conocíamos el proyecto de DELL de introducirse en el mercado de los smartphones vía China a fin de evitar de momento la feroz competencia que los teléfonos móviles inteligentes protagonizan en Occidente. De hecho, también sabemos que DELL está realizando los preparativos necesarios para implantarse también en Estados Unidos.
El aparato en cuestión incorpora* una pantalla de 3’5 pulgadas y es funcional en cuatribanda, con GPS y cámara de 3 megapixels integrados. Cuenta asimismo con conexión miniUSB y acepta tarjetas micro-SD de hasta 32 gigas.
Dicen que unos cardan la lana y otros se llevan la fama, y en el caso del navegador Opera es tan cierto como que Dios existe: buena parte de las funciones de los navegadores que hoy consideramos esenciales y que tanto nos facilitan la vida fueron introducidas por Opera años atrás. Sin embargo, Internet Explorer continúa ostentando la mayor cuota de mercado y su principal competidor, Firefox, se sitúa en segunda posición por número de usuarios. Empujado por el tremendo poderío comercial de Google, es razonable suponer que Chrome browser se situará tarde o temprano en tercer posición… si no lo ha hecho ya.
Permitid que a la tienda de Microsoft le dedique un video:
El enorme cubo de Apple se ve sofisticado e imponente, como una de esas tiendas de ropa en las que me siento fuera de lugar. Los de Microsoft… bueno, al primer vistazo sufrí un poco de vergüenza ajena, a la que por lo demás soy bastante proclive. Luego, al contemplar el pacífico bailoteo de un tipo de rasgos hispanos, me pareció un show desinhibido e inofensivo.
No ha pasado tanto tiempo: el sábado noche publiqué una entrada sobre los planes de monetización de Twitter. Según los mandamases de la compañía de los microposts, el sistema de publicidad que se proponen implementar será «revolucionario» y a los usuarios «les encantará». La posibilidad de que los consumidores de Internet disfruten recibiendo toneladas de publicidad es el sueño de todo publicista, Eldorado de los fabricantes de cualquier bien o servicio que podamos imaginar. Pero por el momento yo albergo ciertas reservas al respecto: la publicidad no es más que un mensaje invasivo* e imperativo que nos impulsa a hacer algo, generalmente algo que en rigor no querríamos hacer. (* Por supuesto que la publicidad puede volverse sutil y capciosa, pero este tipo de trampas tienden a ponernos alerta y predisponernos negativamente, ¿no es cierto?)
Pero mientras los planes de monetización de Twitter se materializan y demuestran ser un éxito revolucionario o un estrepitoso fracaso, algunas compañías de publicidad en la triple-W han impulsado ya sus iniciativas al respecto. El New York Times ha publicado un magnífico artículo al respecto. Le deja a uno con la sensación de enfrentarse a un panorama deprimente en el que la publicidad sólo falta en las nubes. (Y es de prever que tarde o temprano eso también sucederá.)
Cuando supe de la existencia de Twitter por primera vez, la palabra «inútil» resonó en mi cabeza como un aldabonazo y llegué a la conclusión instantánea de que sus únicos usuarios eran tipos raros con una sospechosa afición por todo lo que oliera a nuevo en el panorama tecnológico. Por aquella época Twitter era todavía un instrumento al servicio del ego infinito del hombre moderno, y ya entonces comenzaban a plantearse preguntas sobre la viabilidad comercial de una aplicación que, al menos en apariencia, no servía para nada.
Se ha hablado tanto sobre este último asunto –sobre la viabilidad comercial de Twitter– que a estas alturas es imposible decir nada nuevo. O bien existe algún modo de sacarle dinero, o bien no existe. Si no lo hay, llevarán razón aquellos que denuncian que el ser humano no aprende y que una segunda burbuja tecnológica estallará tarde o temprano. ¿Serán las redes sociales las primeras víctimas mortales de la Red 2.0? Facebook anuncia beneficios, ¿pero qué hay de todo lo demás?
La palabra clave es monetización. O los proyectos de Internet capaces de concentrar decenas de millones de usuarios ofrecen algún beneficio económico, o son un pozo sin fondo de inversiones fracasadas. Boom.
Ha pasado más de una década desde el fin de la guerra de los navegadores que dejó a Netscape, otrora rey de la Red, derrengado y reducido a cenizas, y que coronó a Internet Explorer emperador de Internet. Pero antes de sumirse en el abismo –y de cobrar cientos de miles de millones de pesetas como compensación por las prácticas monopolísticas de Microsoft–, Netscape puso el huevo de la serpiente que a la postre amenazaría el imponente reinado de Internet Explorer: Firefox. La primera guerra de los navegadores terminó con dos resultados bastante obvios: Netscape fue arrojado a la cuneta y el mercado de los navegadores, a falta de competencia, se estancó en una larga fase de no-progreso. (Aunque es cierto que Opera no ha dejado de innovar, introduciendo en el sector muchas de las funciones que hoy consideramos básicas, nunca ha logrado acaparar un gran segmento del mercado.)
La segunda guerra de los navegadores, con un Firefox en franca expansión y un MSI dormido en los laureles de la inseguridad y la no-estandarización, ha durado ya unos años, pero, pese a lo que pudiera parecer, es justo ahora cuando se encuentra en su punto más álgido. Y es previsible que las cosas se pongan todavía más calientes.
Firefox, empleando una variedad de tácticas y herramientas, se ha apoderado de más del 20% del mercado de los navegadores y se diría que posee expectativas de crecimiento muy prometedoras. (Es sólo una suposición basándome en los índices de propagación de los últimos años.) Google se ha sumado a la carrera con su navegador Chrome, que además está llamado a convertirse en la pieza central de su sistema operativo homónimo. Fiel a su tradición, Opera no ha dejado de innovar a lo largo de los años, pero la triste realidad es que sigue representando un papel ínfimo en la imagen global. Ahora bien, ¿qué hay de Internet Explorer?
Lo repito una vez más: el lanzamiento, anuncio de lanzamiento, anuncio de anuncio de lanzamiento o lo que sea de Chrome OS, el sistema operativo de Google, ha reabierto el debate aplicaciones web versus aplicaciones localizadas en el ordenador del usuario. Así que éste parece ser el momento perfecto para que Microsoft ofrezca una beta pública de Office 2010. Sin embargo, lo interesante no es este anuncio por sí mismo, sino la perspectiva de que Microsoft se arroje a la arena de la Red con una suite capaz de competir con Google Apps –incluyendo Docs– en el segmento de las aplicaciones web. No es que las cosas estén demasiado claras en este momento, pues hasta donde yo sé Office sigue siendo software de escritorio, pero al menos la versión para smartphones –los dispositivos inteligentes genuinamente portables– quizá sea susceptible de acallar las críticas que había encarado hasta el día de hoy. Por ejemplo, que los documentos de Office elaborados en las aplicaciones de escritorio se veían distorsionados en los visores móviles.
A propósito, a menos que me equivoque, Office Live no es más que un medio centralizado de distribución de documentos, no de producción, de modo que el terreno a recorrer por Microsoft para imponerse en el mercado de las webapps ofimáticas es todavía demasiado vasto como para realizar predicciones fiables. Cabe preguntarse si Microsoft se siente interesado, y si confía sencillamente en facilitar la colaboración e intercambio de documentos vía repositorios virtuales.
De acuerdo, Office Web Apps de Microsoft verá la luz a mediados de 2010. Así que es oficial: los de Seattle tienen la vista puesta en el mismo punto que Google.
José Mendiola acaba de dedicar un post al nuevo sistema operativo de Google en su estupendo blog Inteknia. Mendiola se siente eufórico por el anuncio de Google y piensa que la Gran G se halla a las puertas de derribar a Microsoft y Apple, los dos mayores desarrolladores de sistemas operativos del mundo en este momento. Mendiola sugiere que las cosas van a cambiar de un modo revolucionario y más o menos inminente. Pero aunque resulta muy estimulante asistir en primera persona a revoluciones tan notorias –la materialización del escritorio remoto puro–, yo siento tantas reservas respecto a Chrome SO que apenas puedo sentirme estimulado.
La realidad es que se me ocurren unas pocas preguntas y obstáculos difíciles de solventar. Vayamos por puntos.
1. ¿Seguirá siendo Chrome SO tan rápido en su versión definitiva? Uno supone que soportará periféricos y tarjetas de sonido y gráficas, por lo que requerirá, al menos, controladores para ejecutarlas. ¿Soportará discos duros? Los necesitará, por ejemplo, para la edición de vídeo tanto en el mercado profesional como en el creciente mercado doméstico. También para transferir archivos entre sistemas disparejos: cámara de vídeo > ordenador, por ejemplo. ¿O asume Google que todo, absolutamente todo, dependerá de la conexión a Internet de los usuarios y de archivos alojados en nubes de servidores? ¿Es eso verosímil? ¿Depende Chrome SO de un estado ideal en el que todos los usuarios, todos, disponen de acceso no sólo a Internet, sino a Internet de banda ancha. (Y no banda ancha de 1 ó 6 megas, sino broadband de 20 megas y superior.)
Puede que el anuncio por parte de Google de que Chrome SO verá la luz dentro de un año y la publicación de algunos pequeños detalles bastante previsibles sobre su extravagante sistema operativo hayan animado la conversación sobre la integración de Internet en nuestra vida cotidiana personal y profesional. Pero la realidad es que eso no es algo nuevo. Ni siquiera el concepto detrás de Chrome es algo nuevo, como tampoco lo es el conservar copias de respaldo de nuestros archivos en la Red. DELL ofrece este servicio gratuitamente durante dos años con la compra de determinados equipos, y la aplicación WinZip, por poner un ejemplo, dispone de una función para realizar backups de tus datos y subirlos a un servidor automáticamente mediante FTP. Microsoft Office permite guardar los datos de configuración de la suite en un servidor. Etcétera.
Parece ser un negocio creciente e incuestionablemente útil, y HP ha comenzado a ofrecer el servicio Data Protector Notebook Extension para clientes corporativos, que sincroniza los datos guardados en una carpeta local con un almacén de copias de seguridad en la Red. El proceso es constante, de modo que un colapso del sistema apenas afecta a las últimas modificaciones efectuadas sobre los archivos. Una copia actualizada permanece intacta en el repositorio.
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